El pasado martes 12 de julio, en el contexto de la Reunión de Clero, el Equipo Sinodal Diocesano presentó al presbiterio de nuestra Diócesis de San Isidro, los resultados obtenidos tras el trabajo realizado en las distintas parroquias y la síntesis lograda por vicarías foráneas, etapa que surge fruto de los encuentros, virtuales o presenciales, tenidos con el clero, vicarías y consejos de evangelización parroquial, tras la motivación al proceso sinodal realizada mediante videos cortos distribuidos en las plataformas informativas de nuestra Diócesis.
Con esta metodología se pretendió posibilitar el contacto entre los agentes, la cultura del encuentro y facilitar el clima de oración y escucha de la Palabra de Dios, para luego escuchar lo que cada participante deseaba responder a las interrogantes planteadas desde los ejes temáticos enunciados por el ser, la comunión, la participación y la misión de la Iglesia. Como bien sabemos, el trabajo realizado, “solamente marca el inicio de un proceso de escucha que motiva a la Diócesis de San Isidro a renovarse a la luz del Evangelio y a seguir el clamor del Espíritu Santo en el tiempo presente, según la invitación del Papa Francisco, siendo conscientes de que la sinodalidad es una praxis eclesial que no se agota con una consulta, sino que debe caracterizar el ejercicio cotidiano de la evangelización”, precisa el documento de la síntesis diocesana.
A la primera consulta sobre el ser, la síntesis rescata el clima de gran alegría, motivación, responsabilidad y agrado de formar parte de la Iglesia, mostrando satisfacción de poder prestar su servicio como miembros de la Iglesia, colaborando así con la salvación de los hermanos; no obstante, se hace ver también que muchas veces se ha llegado a zonas seguras que hacen que la entrega se vea limitada a la comodidad de cada quien, se manifiesta desánimo por falta de apoyo y acompañamiento, se percibe la pandemia como excusa perfecta para el abandono al apostolado, debilitando el caminar juntos y se percibe cansancio por el sobrecargo pastoral y la obligatoriedad de formaciones muchas veces repetitivas.
En cuanto a la comunión, se expresa la falta de comprensión de que somos uno, urgiendo el acrecentar el sentido de pertenencia parroquial, y la experiencia de verdadero encuentro con el Señor, pues se constata mucha rivalidad en los grupos y falta de perdón. Orto reto en el tema de la comunión, es la misma misión, pues se atiende a los pocos que asisten como rebaño, mientras que con los alejados aún no se han hecho acciones concretas y no se les facilita el acercamiento; así, se clama por más acompañamiento para visitar los hogares para socorrer en el dolor y en el sufrimiento a las personas.
Al meditar en el aspecto de la participación, urge asumir la corresponsabilidad en la evangelización pues los encuestados expresaron que se debe estar convencidos y enamorados de la persona de Jesús y la misión evangelizadora de la Iglesia, se debe trabajar en el compromiso bautismal, y por ende en el testimonio; para ello, se requiere de una verdadera integración en los procesos de evangelización, asumiendo compromisos reales en la vida y en la acción misionera de la Iglesia, estar más unidos y procurar estar más atentos a la necesidad de los hermanos, de una forma especial hacia los más pobres. También se requiere dejar los miedos y vergüenzas de ser católicos, la evangelización es propia del ser hijos de Dios, y se deben impulsar más los procesos de formación para los agentes de tal manera que les permita estar mejor preparados para asumir su corresponsabilidad, así como partir de la propia experiencia de Dios en su vida para anunciar a Jesús con su testimonio.
En cuanto a la misión, y ante la pregunta: ¿Cómo ser Iglesia en el mundo presente?, Los encuestados señalan que se debe salir en búsqueda de las ovejas perdidas, considerando que el mensaje principal del Evangelio es el amor a Dios y al prójimo, ser una Iglesia que planea la evangelización incluyendo a los jóvenes, pues tienen el manejo de la tecnología, quienes trabajando de la mano de adultos más formados se involucren en la pastoral, dando la vida, siendo uno con los demás. La evangelización nos debe llevar a ser testigos de la esperanza, y a ser conscientes de que la evangelización nos concierne a todos, escuchándonos, caminando y respondiendo a los signos de los tiempos.