(Fotografía, cuenta con los permisos de padres de familia para su publicación)
Vanessa Calvo Méndez, es una educadora generaleña, que sirve desde hace más de dos décadas, en las aulas que albergan a los más pequeños del sistema educativo del país. Nos comenta esta “niña”, como suelen llamarle sus alumnos; que su vida está marcada por su mismo nacimiento, pues por complicaciones de salud, su madre, durante el parto, estuvo a punto de perder la vida; pero, sin duda, al conservar este don sagrado, cree que Dios tendría un propósito para su historia familiar y personal.
Recuerda que su infancia y adolescencia se desarrolló con toda normalidad, creció en Barrio Boston de Pérez Zeledón, compartió con los de su tiempo entre juegos de infancia y ´show de variedades´, rezos del rosario para el mes de mayo y octubre, así como acciones de infancia misionera y espacios de oración para cuando ya era joven. Fue así, en medio de un ambiente muy hogareño y tranquilo, donde conoció a quien llegaría a ser su esposo.
Su vocación como educadora, la mira como verdadero don de Dios; “quería ser realmente cosmetóloga, pero eso lo podía estudiar únicamente en San José y yo no quise irme; entonces, empecé a buscar en Pérez Zeledón qué podía estudiar, y en realidad no encontré algo que me llamara la atención”, precisó Vanessa en entrevista concedida a Radio Sinaí 103.9 FM.
Es ahí, donde siente que Dios actúa, y tras ingresar a la Universidad Nacional a realizar los estudios generales, escucha de diferentes carreras y conoce la Educación Preescolar. “Cuando empecé a llevar las diferentes materias, me empecé a enamorar, porque entré a la carrera no muy convencida; pero conforme fui llevando las materias me fui enamorando de la carrera, de poder llegar a ser educadora. Eso fue a lo que Diosito me llevó, porque siempre le pedí a Él que me llevara hasta donde Él me necesitaba; y no me arrepiento en lo más mínimo. He vivido muchísimas experiencias, he vivido cosas muy lindas como educadora, he aprendido mucho”, precisó esta madre de dos hijos, y maestra cuyos primeros estudiantes, ya son profesionales.
Para Vanessa, su campo de acción es muy importante, porque “del sistema educativo se espera una educación de calidad, que brinde opciones y oportunidades a toda la población estudiantil, a toda la comunidad educativa, y que además de lo académico también se brinde una formación en valores que pueda contribuir a mejorar día a día la sociedad”, precisó.
Y es que Vanessa nos cuenta, cómo su misión y vocación, su enseñanza y su compartir marca la vida no sólo de sus estudiantes, sino de sus familias; “los papás nos dicen: ´es que niña, lo que usted diga es como santa palabra para los chicos´, espacialmente para los más pequeñitos; entonces, pienso que las familias esperan mucho, y nosotros podemos colaborar […], poder transmitir no solamente aprendizajes académicos, también valores espirituales, valores personales y culturales a estas generaciones”, acotó.
La educadora Calvo Méndez, con ocasión del día Internacional de la Mujer, nos comentó que, desde su visión, la misión que tienen como mujeres, es “poder ser mujer, porque tenemos una esencia muy particular, muy única, poder ser madre; por ejemplo. Poder ser esposa, profesional, amiga, hija, hermana, y en cada uno de sus aspectos poder ser un sostén emocional, y muchas cosas más. Poder también dar ejemplo, y como educadora la misión, creo que es, poder ser una persona que contribuya y aporte en el proceso educativo de los estudiantes que llegan a ser como hijos, y no sólo en el proceso educativo, sino en la formación en valores”, indicó.
Así, esta educadora quiso enviar un mensaje a todas las mujeres en su día: “somos capaces de muchísimas cosas, de cosas que nosotras ni nos imaginamos; recordarles que hemos ido adquiriendo una posición profesional en la sociedad, también que somos muy importantes en la sociedad, y las mujeres educadoras tenemos un gran reto, el cual es seguir contribuyendo en la formación de futuras generaciones sin perder de vista también nuestro rol en nuestra familia, como madres, como esposas, como hijas, como hermanas, como amigas […] Por eso quiero instar a todas las mujeres a seguir adelante, con la ayuda de Dios siempre lo podremos lograr, agarraditas de la mano de Él somos capaces de lo que ni nos imaginamos”.