En el marco del mes extraordinario de las Misiones, la Diócesis de San Isidro recorrió la “Ruta del Evangelio”, una peregrinación de unos 15 kilómetros, que dio inicio a partir de las 8 de la mañana desde Térraba hacia el centro parroquial de la Parroquia Inmaculada Concepción de María, en Boruca.
Con rótulos a lo largo del camino, la comunidad de Térraba saludaba a los peregrinos y les anunciaba que estaban próximos a llegar a la primera estación, ubicada en el humilde templo de la comunidad de Térraba. Al llegar allí, los peregrinos fueron recibidos por el presbítero Jesús Piedra, párroco de Boruca junto con el diácono Andrés Monge. Por su parte, los feligreses de la comunidad expusieron acerca de los primeros frailes que llegaron a Evangelizar, así como las dificultades que debieron enfrentar para lograr llevar el mensaje del Evangelio.
En vehículos, motos, busetas y otros incluso a pie por los calurosos y empinados caminos bonaerenses, los peregrinos continuaron hasta llegar a la segunda estación. Ya ubicados en la Piedra Mano de Tigre una joven relató la leyenda de Fray Antonio Margil de Jesús, un fraile que con su gran fe, ordenó a un tigre feroz que, a consecuencia de haberle devorado la mula que cargaba con sus maletas, debería ahora servirle de bestia de carga, lo que el animal obedeció. La expositora comentó que “producto de dicha anécdota quedo estampada en la piedra una de las manos del tigre, en recuerdo del milagro”.
Luego de tomarse algunas fotografías, e impresionados por la historia de fe de Fray Antonio, los peregrinos continuaron su recorrido por las calles de San Antonio hasta llegar a Boruca. Una vez en el centro parroquial, en medio de una comunidad en su mayoría indígena y con un espíritu de servicio hacia los peregrinos que les visitaban, los feligreses de la Diócesis tuvieron la oportunidad de realizar la renovación de sus promesas bautismales, adorar al Santísimo, recibir el sacramento de la confesión y prepararse para el gran momento en el que recibirían la Indulgencia Plenaria en la Santa Eucaristía.
La Eucaristía fue presidida por Monseñor Fray Gabriel Enrique Montero Umaña y contó con la presencia de sacerdotes, postulantes al diaconado permanente y un aproximado de 1500 feligreses de las parroquias de Potrero Grande, Buenos Aires, Palmar Norte, Catedral, unos 500 de Boruca y más de 300 fieles de la parroquia Santa María de Dota quienes peregrinaron acompañados por la imagen de Nuestra Señora de la Cueva Santa, en su primera peregrinación fuera de la parroquia.
En su homilía, el obispo citó varios ejemplos acerca de la importancia de recibir la Indulgencia Plenaria y comentó a los feligreses que “mediante la Indulgencia Plenaria el Señor nos concede, a través de la Iglesia, la remisión de la pena temporal por nuestros pecados; es una gracia enorme que la Iglesia nos concede, es un beneficio maravilloso que el Señor nos da. En la indulgencia Plenaria nuestra pena queda totalmente absuelta, queda remitida” indicó.
Asimismo, monseñor Montero señaló con vehemencia “hoy venimos a pedirle a Dios, que nos justifique plenamente, remitiéndonos la pena temporal por nuestros pecados, no queremos hacerlo para sentirnos bien de conciencia, ni menos para andar diciendo lo bueno que soy y lo santo que soy” y agregó “entrará en el reino de los cielos y será plenamente justificado sólo aquel o aquella que humildemente reconoce sus pecados y que reconoce que si ha hecho algo bueno en la vida, es porque Dios le ha dado su gracia”.
Al concluir la celebración eucarística el Pbro. Jesús Piedra mencionó en entrevista a Radio Sinaí la alegría de la parroquia al acoger a la Diócesis en esta actividad, “esta semana ha sido de trabajo arduo, pero sobre todo llena de esperanza y de la alegría que ha envuelto toda esta celebración, de sentirse queridos por la Iglesia. Además, esta es una parroquia, como lo hemos visto a lo largo del recorrido, muy herida por el proceso de colonización, por el proceso de imposición de la cultura y muchas veces también del Evangelio, una parroquia que ha visto en este evento, que ellos mismos han organizado, un camino de reconciliación, de reabrirse al Evangelio con ojos de esperanza sabiendo que Dios les concede la gracia de la misericordia y del perdón” concluyó.